Maria
En el momento en que las palabras salieron de la boca de la enfermera, no esperé. No miré a Carlos Rivera para ver su reacción, y no verifiqué si Diego me seguía. Simplemente corrí.
Corrí directo al pasillo, mis tacones chasqueando frenéticamente contra el suelo, pero el sonido fue ahogado por el caos. Todo se sentía fuera de control. Era un mar de batas blancas y uniformes azules moviéndose a una velocidad que me hacía girar la cabeza. Los médicos gritaban, las enfermeras empujaban ca