Carlos
El alcohol empezaba a zumbar en mis venas, pero no era el whisky lo que aceleraba mi corazón. Era la forma en que María me miraba, me miraba de verdad, sin el escudo de su matrimonio o el peso del apellido de su marido. Por primera vez en una década, la armadura alrededor de mi pecho se sentía pesada. Quería quitármela.
—No crecí en el hogar de los Rivera, María —dije, sintiendo que la confesión era como un peso físico abandonando mi lengua. Vi cómo sus ojos se dilataban ligeramente—. L