Maria Lopez
La chica se sentó frente a mí, luciendo como un pájaro con las alas rotas. Había una mirada vacía en sus ojos que hizo que se me formara un nudo en la garganta. Miré la solicitud arrugada en mis manos y sentí un fuerte tirón de simpatía en mi corazón.
—Entonces, ¿cuánto tiempo planeas trabajar aquí? —pregunté, suavizando mi voz mientras intentaba cerrar la distancia entre nosotras.
—Hasta que termine la escuela. Solo quiero entrar en la misma escuela que ella —dijo. Levantó un dedo