Carlos Rivera
Acababa de terminar mi llamada con Christiano; la información era un peso pesado en mi pecho. Estábamos rodeando la verdad, intentando confirmar si el marido de Maria era realmente el hombre que sospechábamos.
Un golpe agudo y rítmico en la puerta rompió mi concentración.
—Sí, adelante —dije, sin levantar la vista del brillo de mi monitor.
La puerta chirrió al abrirse, pero los pasos se detuvieron en el umbral. Miré hacia arriba y vi al Sr. Ruiz. Estaba allí, enmarcado por el marc