Maria:
No lo noté al principio.
El mundo daba vueltas, pero yo permanecía perfectamente inmóvil. Todo se sentía ruidoso en mi cabeza, un rugido caótico de sirenas, pitidos de monitores y los latidos de mi propio corazón, pero en el exterior había silencio, y no sabía cuál de las dos cosas era peor. El silencio del pasillo se sentía pesado, como si presionara mi piel, asfixiándome.
Carlos Rivera acababa de terminar de hablar con los médicos de nuevo. Incluso en medio de esta pesadilla, su voz er