María
El apartamento que encontró Carlos no era realmente un apartamento. Era una sola habitación arriba de un pequeño taller donde la gente guardaba viejos motores de barcos y anclas oxidadas. El aire en el interior olía a grasa, a sal fría y a madera vieja de pino. Los tablones del suelo eran anchos y oscuros, con rendijas tan grandes entre ellos que se podía ver la luz amarilla del taller de abajo.
Pero tenía una pequeña estufa de hierro en la esquina y un techo en el que no se filtraba e