Emmy
La cocina de la terminal del norte no olía a ajo ni a lejía. Olía a manteca pesada, a cartón húmedo y al humo agrio del diésel que subía a través de los tablones del suelo cada vez que uno de los grandes trenes de carga pasaba junto al andén bajo del exterior.
Me senté en una caja de plástico cerca de las taquillas del personal, con mi caja de cartón apoyada en las rodillas y los dedos sosteniendo un vaso de papel frío con té de máquina que sabía a plástico y a azúcar vieja.
Al otro lad