Lorenzo
La carretera de la costa estaba completamente a oscuras para cuando encendí el coche.
Carlos se había dejado las llaves sobre el mostrador de la cocina, al lado de un vaso de agua del grifo a medio llenar, pero no me llevé su cupé. Cogí el berlina de tránsito viejo y pesado que el personal de administración me había asignado cuando aterricé en la provincia. El motor tenía un traqueteo lento y chirriante que se sentía real; mucho más real que los motores silenciosos y caros que mi madre