Fedora temblaba, el chofer la llevaba a la dirección indicada, las lágrimas querían abandonar sus cuencas, pero lo evitaba, tenía miedo, ¿De verdad vería a su hija?
«Tanto tiempo soñando con este momento, y tenía que ser así, cruel, todo por culpa de Bruce, ¿Cómo pudo engañarnos por tantos años? Es como si nunca lo hubiese conocido, nunca lo amé. Por favor, Dios, que mi hija me ame, que no me desprecie», pensó
—Señora, hemos llegado.
La mujer asintió, bajó del auto, sintió que sus piernas fla