Amy miró a John con compasión, su corazón era tan cálido, pero sintió que dentro suyo el dolor seguía emergiendo, el pasado se había apilado sobre ellos aplastándolos.
—John —ella acunó su rostro e hizo que se levantara, él miró sus ojos—. No puedo decirte que te perdono ahora, y si lo hiciera, te mentiría, no puedo hacer algo que simplemente no siento, no me nace. Tampoco te odio, pero hay una parte de mi herida, supongo que algún día sanará, no puedo forzarlo, lo que debes saber es que no te