Amy detuvo el beso, sintió que era débil ante John, y él limpió sus lágrimas, viéndola con amor.
—Amy…
—Mañana es el primer ultrasonido, si quieres estar ahí, puedes hacerlo.
John sonrió emocionado.
—¡Calor que sí! ¡Claro que todo lo que quiero es estar ahí! ¿A qué hora y dónde será?
—A las diez de la mañana, te enviaré la dirección por mensaje de texto, ahora ya debo irme.
—Quédate, no te vayas, quédate conmigo —suplicó con la mirada llena de anhelo.
—No, quiero descansar en casa.
Él lo