Amy estaba cocinando, pensaba en él, se quedó dormido, y ella no quiso despertarlo, sabía que ninguno había comido. Ella preparó todo, escuchó pasos, y cuando giró a ver, él estaba en la cocina, observando la mesa puesta.
El olor delicioso invadió su nariz, sintió que su estómago gruñía de hambre
—Toma asiento.
John la miró extrañado
—¿No te quejarás de este lugar?
—¿Quejarme? ¡Es hermoso, John! ¿Por qué lo haría?
—Estás acostumbrada a cosas mejores.
—¿Y qué importa? Mi padre siempre me e