Micaela siguió quejándose de su marido, y Berenice solo hacia uno que otro comentario para darle la razón, la verdad era que no le importaba mucho lo que su madre le decía, pero si con eso conseguía regresar a su casa, no le quedaba de otra más que hacerle creer que la comprendía. De pronto escuchó que se habría una puerta y se cerraba de golpe.
—Mamá, sé que lograrás encontrar una solución para convencer a mi padre, eres muy astuta. Te llamo más tarde, te quiero. —dijo Berenice y colgó el tel