—No. Claramente no —Doña miró a su marido con los ojos vidriosos. —Quiero mucho a Valentina. Es como si tuviera una segunda hija en ella. Pero tampoco puedo obligarla a quedarse si nuestro hijo sigue haciéndola sufrir.
Los hombros de Robby se hundieron, resignado. —Tienes razón.
—Por eso Mami se está esforzando tanto para que Alejandro empiece a ver a Valentina desde una perspectiva diferente.
Robby frunció el ceño. —No entiendo bien lo que quieres decir, Mami.
Doña sonrió, una sonrisa llena de