Mundo ficciónIniciar sesiónLa risa de Doña Beatriz resonó alegre por toda la habitación.
—Exactamente, querida. Tienes toda la razón. —Aun a esa hora de la mañana, estaba impecable: un blazer color blanco hueso, una falda que le caía justo a media pierna, el cabello perfectamente peinado. Cuando Doña Beatriz Cruz de Herrera elegía un atuendo, lo hacía con la misma dedicación tanto para asistir a un almuerzo con su esposo como para un






