El suave murmullo que escapó de los labios de Camila fue casi un suspiro, provocado por el calor que sintió a su espalda. El brazo fuerte de Alejandro la rodeaba con naturalidad, como si quisiera protegerla incluso en sueños. Una sonrisa satisfecha se dibujó en su rostro: todo lo que había temido la noche anterior se desvanecía ahora entre el aroma de su piel y el ritmo tranquilo de su respiración.
—Estuve con papá —le dijo Alejandro en voz baja, rozando sus labios con los de ella—. Hablamos de