Danilo pasó el resto del día sumido en aquella desconocida y perenne ansiedad desde que se había despedido de Mary. Se había alejado para darle su espacio, pero unas fuertes ganas de estar a su lado lo carcomían por dentro. Él siguió en la negación, pensando en que solo era el sentimiento de cariño grande que tenía por ser mejores amigos.
Mientras ese sentir lo invadía, intentaba comunicarse con sus padres. Después de varios intentos fallidos, finalmente su madre contestó el teléfono. La voz de