Kevin la miró por un segundo, pero fue suficiente para que ella se diera cuenta de que aquellas palabras no habían bastado.
—Sí, las cosas son distintas, pero no puedo entender por qué no odias a cualquier hombre que te toque siquiera —dijo él, de pie en la sombra. Tenía las manos metidas en los bolsillos de su bata, fuertemente apretadas en puños.
—Hubo una un tiempo en la que no habría permitido que ningún hombre se me acercara, pero pude empezar a poner las cosas en perspectiva mediante tera