—Es increíble lo rápido que está creciendo —con orgullo de abuela y luciendo un nuevo y elegante peinado, su suegra se sentó en la mecedora de la habitación del pequeño, con el bebé en sus brazos.
—Sí, nadie diría que nació prematuramente —dijo Laurent, sin saber aún cómo comportarse con Amanda. Con movimientos tranquilos, siguió doblando la ropita recién sacada de la secadora—. Lo hemos llevado hoy a hacerle una revisión, y el médico dice que está sano como un roble —se llevó un pequeño pijama