Juliana tiró del carrito de mandado. Las ruedas chirriaron contra el pavimento irregular. Se fijó en lo solitario de esas calles. La luz de los postes parpadeaba. Algunas bombillas ya estaban muertas.
Las mañanas eran una tortura.
Mía debía tener cuidado de no salir muy tarde. O tal vez exageraba. El miedo era nuevo. Reciente. Desde que balearon a Tomás.
¿Cómo se debía sentir luego de que los policías le hicieran un montón de preguntas relacionadas con su hermano?
Las mismas preguntas. Una y ot