El procedimiento fue tedioso. El abogado hablaba con una calma diplomática. Mía prestó toda su atención a su explicación monótona y mecánica. Cada tanto añadía frases como “para los efectos legales conducentes”, como si hablara otro idioma.
Se vieron por tres días seguidos. Le hizo firmar documentos. Nunca volvió a encontrarse con la mirada gris y penetrante de su exesposo. Su parte racional le decía que era un alivio, que no quería tener que verlo nunca más; mientras que su lado masoquista s