Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl olor a sangre fresca me quemaba la nariz, era tan fuerte y embriagador, que me mareaba. Detrás de mí, estaba mi madre, que en algún punto dejó de moverse y sus ojos permanecieron abiertos. No vi el momento en que la vida desaparecía de sus ojos, ni su última exhalación. Y no me podría importar menos.
No sé en qué momento me volví tan insensible. Prefería pensar que estaba siendo selectiva con las personas a las que le ofrecía mi tristeza.Los gruñidos de Rodolf llenaron






