Leander ayudó a Elisa a bañarse, sus acciones eran caricias. Cuando enjuagó delicadamente su cuerpo, ella comenzó a recuperar la cordura.
La fiebre había bajado demasiado, y sus miradas se encontraron.
—Leander, yo…
Él siseó.
—Necesito que te pongas bien.
—Y yo necesito hablar… ¿Quieres el divorcio?
Los ojos de Leander se abrieron incrédulos.
—¿Quieres dejarme?
Ella negó, èl se acercò a sus labios.
—Menos mal, porque no lo permitiría —sentenció.
De pronto, sus labios reclamaron los suyos, besán