Rafael y Piero fueron hasta ese edificio, era un anfiteatro, esto estaba por fuera de la ley, pero con los contactos que Rafael tenìa, era usual tener estos privilegios.
Tomaron asiento, hasta que una mujer les indicó que podían pasar a la oficina del doctor Mendiola, un forense bastante reputado en su medio.
Rafael y Piero se miraron con cierto temor, pero siguieron a la mujer.
Caminaron por un pasillo, hasta llegar a esa oficina.
La mujer abrió la puerta y entraron. Rafael saludó al forense, q