La puerta se abrió y Rafael entró. Elisa se alejó de Leander y él odió eso.
—Firma el divorcio, Leander.
—¡Nunca! —dijo Leander—. No voy a divorciarme, Elisa, y para que lo sepan ambos, voy a averiguar quién mató a mi hermano.
—¿Ahora te importa, Lisardo? —exclamó Elisa con cierta hostilidad.
—Sì, y si hubiese podido conocerlo, hubiera estado siempre a su lado.
Elisa hundió la mirada.
—Lo único que te diré, es que Sonia no es tu madre.
Elisa salió de ahí.
Leander se quedó pensativo, totalmente r