No dormí.
El mensaje ardía en mi mente como hierro candente. Cada vez que cerraba los ojos, las palabras aparecían grabadas en mis párpados.
"Pregúntale a Nathan sobre la noche que murió su madre."
¿Quién lo había enviado? ¿Marcus? ¿Victoria? ¿Alguien más que aún no conocía?
Y lo más importante: ¿qué sabían que yo ignoraba?
El amanecer me encontró sentada junto al ventanal, mirando cómo Manhattan despertaba bajo una niebla gris. El café que Margaret había dejado en mi mesita se había enfriado hace horas.
Un golpe en la puerta me sobresaltó.
—Señora Carter. —La voz de Margaret atravesó la madera—. El señor Blackwood la espera en el comedor principal. En quince minutos.
Quince minutos. Ni un segundo más.
Me duché con agua helada para despejar la niebla mental. Elegí un vestido azul marino del armario interminable. Sencillo. Profesional. Armadura.
Cuando llegué al comedor, Nathan ya estaba sentado.
La estancia era ridículamente grande para dos personas. Una mesa de roble que podía acomod