Tres días pasaron como un tornado de seda y documentos legales.
Diana canceló nuestro almuerzo. Un mensaje escueto: "Emergencia de trabajo. Te busco pronto. Ten cuidado."
No insistí. Tenía suficiente con sobrevivir el entrenamiento intensivo de Margaret sobre protocolo social, las reuniones interminables con Harrison sobre el acuerdo prenupcial, y las sesiones de estilismo que me dejaban sintiéndome como una muñeca de porcelana.
Y ahora, viernes.
El día de mi boda.
Mi segunda boda.
El espejo del vestidor me devolvía la imagen de una extraña. Vestido color marfil de Carolina Herrera. Corte imperio que abrazaba mis curvas en lugar de esconderlas. Cabello suelto en ondas suaves. Maquillaje natural que realzaba los ojos verdes que Derek siempre ignoró.
Parecía una novia.
Me sentía como una impostora.
—El coche está listo, señora Carter. —Margaret apareció en el umbral—. Digo... futura señora Blackwood.
El nombre me golpeó en el estómago.
—¿Nathan ya está en el registro civil?
—El señor Bl