Tres meses.
En tres meses, el mundo había encontrado la manera de volverse normal.
Lucas salía al colegio a las ocho menos cuarto con la mochila de dinosaurios y el pelo mal peinado pese a los intentos de Evelyn, que había aceptado que el pelo de Lucas era un fenómeno que actuaba según sus propias leyes y que ningún peine podía contrarrestar completamente.
Sophie llegaba a casa con dibujos que nadie podía interpretar con certeza pero que ella defendía con la ferocidad de quien sabe exactamente