Olivia cumplió diecisiete años un domingo de noviembre.
No pidió celebración. Nunca pedía celebración para los cumpleaños. Pedía que el domingo del cumpleaños fuera un domingo normal con el café de siempre y el silencio de siempre y la posibilidad de estar en el penthouse sin que nadie convirtiera el día en una producción que requería su atención constante o que le impidiera terminar lo que estaba escribiendo.
Leo llegó el sábado a las siete de la tarde con una mochila y sin pastel.
Nathan lo e