148: No existe el bien sin el mal.
Mirándose así, sus corazones no pueden pensar en otra cosa. Lo que sienten es tan intenso, que no pueden imaginar lo que desatará cuando se reclamen ante la luz de la luna llena.
Ella le da un asentimiento ante sus preguntas. Y Adriel, emocionado, pero respetuoso, dirige una mano hacia su cintura. En un lento movimiento, la lleva hacia él. Sus pechos chocan, el escalofrío caluroso recorre sus espinas dorsales.
Adriel respira contra ese rostro que considera ha sido tallado por la Diosa misma. La