En Silver Lake, tras haber pasado el día miércoles silencioso por los caídos, el jueves llega con otra energía.
Es mediodía, en el bosque, cuando Abbie ríe mientras Dania hace bailar hojas a su alrededor.
—¡Otra vez, por favor!
—Abbie, déjala tranquila —le dice Esther.
La niña hace un puchero y Dania vuelve a hacer bailar las hojas, sacándole risas contagiosas.
—Ya sabemos quién no va a tener mano firme con su hija o hijo —agrega Astrid.
Las tres ríen. Habían decidido ir al bosque después del a