La recepción no se hizo esperar, todos los invitados se reunieron en el jardín y enseguida la música comenzó a sonar.
Rogelio sin más esperar tomó de la mano a Emperatriz y se fue con ella a donde estaba una de las mesas preparadas especialmente para los novios.
Emperatriz tenía una cara realmente de mucha aflicción, se veía visiblemente muy afectada por haber dado el paso más difícil en toda su vida.
Rogelio le apretaba la mano mientras le decía muy cerca de su oído:
— Tienes que sonreír porqu