63. Todo lo que quieres
Margot
Susana se encuentra detrás de mí, vistiendo tan inmaculada como si fueran las ocho de la noche cuando empezó la gala y no las dos y media de la mañana. Su mirada no es hostil pero tampoco es amable. Me mira como quien quiere descifrar una adivinanza que le resulta particularmente desagradable. Yo, aunque me estoy sintiendo incomoda, pues no dice nada, no me permito apartar la mirada de la suya.
—¿Necesitabas algo, Susana?
Ella arruga el gesto y avanza dos pasos en mi dirección. Somos las