Capítulo treinta y ocho. Sutil seducción
Thiago se quedó con esa sensación extraña en el cuerpo, pero se olvidó de todo al entrar a su piso y ver a Amber sentada en la sala.
—Hola —saludó, mirándola con sospecha, ella estaba vestida para matar dioses.
Amber se levantó y caminó hacia él con una sonrisa pícara en los labios.
—Te extrañé, no pienso quedarme otro fin de semana sin ti —respondió Amber antes de besar los labios de Thiago con pasión.
Aquella noche visitaron El Inframundo y se divirtieron, se olvidaron del mundo y se dedicaro