La sirvienta, visiblemente nerviosa, no respondía con claridad a las preguntas de Alicia. La curiosidad de esta última crecía:
—¿Pero qué pasa? ¿Por qué no terminas de decirme quién me busca? —insistió.
La sirviente, evitando mirar a los demás presentes, respondió con un gesto en sus ojos que dejó claro a Alicia la gravedad de la situación:
—Señora, es mejor que vaya usted personalmente.
Intrigado por la misteriosa visita, Miguel captó el gesto de la sirvienta y se levantó de la mesa:
—Voy cont