Galeano y Alicia después de un corto viaje lleno de mucha tensión e incertidumbre, llegaron a la mansión. Alba, su hermana los recibió con los brazos abiertos. Sus ojos se encontraron, y sin necesidad de palabras, comenzaron a llorar. La noticia de la muerte de Antonio los había devastado a todos.
Diana, en cambio, permanecía sentada con su mirada fija en un punto de la pared. Las lágrimas corrían silenciosamente por sus mejillas. ¿Cuándo te enteraste de la muerte de nuestro padre? —Alba no pud