—hoy estás más gruñón que de costumbre—pregunta arlo
—no dormí nada— se estresa silenciosamente
—a ver ¿ya tengo una idea de por qué?— levanta ambas cejas insinuando algo pervertido y Alastor le pega con el puño cerrado en la cabeza
—¿por qué me pegas, que dije?— se acaricia la cabeza y lo mira de mala gana
—no pienses tonterías ¿crees que soy tan bastardo para tocarla?— arlo se queda viéndolo y él abre la boca
—okay, eso era antes... uff, ya no soy así, soy...—
—TENGO HAMBRE— Alasto