Una semana antes...
La tarde comenzaba a desvanecerse en sombras, y la luz de la habitación se volvía cada vez más tenue, dejando paso a la quietud de la noche que se colaba lentamente por las rendijas de la ventana. Takeshi estaba en su cuarto, frente al espejo, ajustándose la camisa con una precisión que rozaba la perfección. Cada movimiento, cada gesto, parecía medido y calculado, como si el vestirse fuera una forma de ordenarlo todo, un acto automático que lo ayudaba a calmar la tormenta interna que lo invadía.
El reflejo que le devolvía el espejo mostraba a un hombre imponente, fuerte, pero algo en su mirada decía lo contrario. Había una tensión que surcaba sus ojos, un nudo en su pecho que se apretaba más con cada pensamiento. La imagen de su abuelo, Masanori, flotaba en su mente.
Pero no solo pensaba en él.
La reciente reunión con Kenjiro le había dejado una marca profunda. Una inminente guerra con el imperio japonés se acercaba como una sombra interminable, y Takeshi no podía