Mundo ficciónIniciar sesiónEl olor a sangre y pólvora saturaba el aire, espeso como una tormenta sin descarga. El jardín de la villa Bellandi era ahora un cementerio improvisado, con cuerpos esparcidos entre los restos calcinados de la boda que apenas fue. Pero no había tiempo para lamentos. No para Fabio.
—¡Dante! ¡Aguanta, por favor, no cierres los ojos! —gritó mientras apretaba el cuerpo inerte de su jefe contra su pecho, con las manos ensangrentadas y tembl







