Una semana había pasado desde que Dante y Svetlana habían hecho oficial su compromiso, y la villa Bellandi seguía siendo un nido de tensión. Los ecos de la vida dentro de la mafia resonaban en cada rincón, pero fuera de esa atmósfera cargada, algo en el aire había cambiado para Dante. La sonrisa furtiva que había comenzado a esbozar desde que Svetlana aceptó ser suya era un reflejo de una satisfacción que, aunque incómoda, era un respiro necesario en su caótica existencia.
Dentro del salón de r