La luz del amanecer se filtraba entre las cortinas, tiñendo las paredes de un ámbar suave que contrastaba con la tensión que aún se respiraba en cada rincón. No había paz verdadera en esa casa, solo una pausa. Un parpadeo antes del próximo ataque. El aire olía a café recién hecho… y a pólvora dormida.
Nadie hablaba de bajar la guardia. Nadie podía permitirse el lujo de relajarse.
Svetlana caminó por el pasillo con paso firme. Llevaba el cabello recogido en una coleta improvisada, un suéter de c