Versano salió al balcón del segundo piso con una taza de café negro en la mano. No le temblaba el pulso, pero la oscuridad que lo rodeaba parecía más espesa que nunca.
No podía dormir.
No debía.
Había cruzado una línea. No por error. No por impulso.
Lo había hecho conscientemente, sabiendo que no habría vuelta atrás.
El aire nocturno le quemó el pecho. Desde esa altura, el lago parecía una sábana negra estirada bajo la luna, tranquila, inmóvil. Como una promesa que no se cumple. O un cadáver qu