Svetlana estaba sentada en el borde de la ventana, sus delgadas piernas colgaban con despreocupada elegancia, pero su mente estaba lejos, perdida en un rincón de Moscú donde aún podía escuchar la risa de su hermanita y percibir el aroma de la nieve fundiéndose en las aceras. La luna llena iluminaba su rostro pálido, enmarcando su silueta como si fuera un cuadro impresionista.
Recordaba la sensación del barniz frío bajo sus zapatillas de punta, la adrenalina recorriéndola segundos antes de entrar