Ariadna miró a Alexander con su ceño fruncido, evidentemente estaba confundido y tenía preguntas al igual que ella.
—¿Cariño? —Musitó Alexander.
—Aria, vamos —Oliver extendió su mano para que ella la tomara.
—Mi amor ¿Qué sucede? ¿Quién es él?
Su respiración empezó a dificultársele, era como si el aire no pudiera llegar hasta sus pulmones. Levantó su mano y estiró su brazo hacia el hombre que sabía que jamás la dejaría.
En dos largas zancadas Alexander llegó hasta ella, la envolvió en sus b