Kairi se le quedó mirando con la boca abierta a Tristan, incapaz de creer la tontería que acababa de decir.
—¿Cómo puedes ser tan descarado? —gruñó con rencor—. ¿Crees que me interesa saber los motivos egoístas por los cuales casi nos matas? —Él no alzó la mirada—. No me interesan tus motivos, ni tus excusas, ni tu amor… —Sonrió con burla y desprecio—. Ni siquiera creo que alguien como tú sea capaz de sentir algo tan bello como eso. Tú todo lo que sientes es culpa, mi rey. Y me alegró mucho de