Con su hija firmemente sujeta en sus brazos, Kairi se abrio camino a través de los jardines del palacio de Lennox para llegar hacia donde podía vislumbrar a su esposo junto a su enfermera Nita a varios metros de donde algunos sirvientes estaban construyendo una valla con maderas de un metro de largo para bordear el estanque de una buena vez y así evitarse más accidentes innecesarios.
—Buenas tardes —los saludó algo incomoda una vez llegó hasta ellos.
—Buenas tardes, majestad —respondió la enf