A medio camino de llegar a su habitación, una chica se interpuso en su camino. Era una joven bonita de complexión menuda poco menor que ella, de cabello marrón chocolate y ojos rasgados del celeste más claro que había visto. Tenía una expresión angustiada en su rostro aniñado.
—Su alteza. —Se inclinó, apretando con fuerza los bordes de su vestido rosado y floreado—. D-disculpe que la moleste, pero… —Sacó de su manga una llave—. Esta me la dio la doctora Noreia para abrir la puerta de la habita