El sol cae como plomo sobre el campo de entrenamiento, pero el aire se siente extrañamente gélido. El estrés de la guerra inminente y la preocupación por los lobos de Morgana y Dorian empieza a mellar la concentración del clan.
Valerius, observa con sus ojos agudos y su porte impecable, levanta una mano.
—¡Todos al centro!— ordena. Su voz no necesita gritar para que cada fibra de los guerreros se tensara en atención. —Escuchen bien.
Valerius camina entre las filas, sus pasos son firmes, su voz