Acelero mi auto, sin importarme las consecuencias, me robo las luces de los semáforos, estoy desesperado necesito llegar a la casa de Solange, antes de llegar la vuelvo a llamar, nada sólo me responde la bendita computadora.
Llamo y llamo una y otra vez.
—Responde mi amor, responde, necesito hablar contigo.
Pero nada, silencio total, está clarísimo que Solange no quiere hablar conmigo.
Está relampagueando, quiere llover, ya empezaron a caer las primeras gotas, limpio el