Joseph me estaba esperando en la cafetería como habíamos acordado, al llegar lo vimos sentado en una mesa tomándose una taza de café.
—Buenos días Joseph.
—Buenos días Samuel, buenos días señorita Solange.
—Deja tomarme un café, antes que me des las buenas noticias, amor, ¿quieres tomarte un café?
—Sí amor.
—Ahora si Joseph, puedes comenzar a hablar.
—La buena noticia es que el dinero no ha salido del país. Y la otra es que el contador tuvo dos cómplices el